El Castro de Coaña

Conocido como el Castilón, desde él se vigiló y defendió el paso de la ría de Navia. La conquista romana lo convirtió en plaza clave. La misión era garantizar el tráfico de oro proveniente de minas próximas. Bajo mando del imperio romano, su momento de mayor vitalidad será la segunda mitad del siglo I después de Cristo aunque el poblado se remonta a una época prerromana.

Un primer asentamiento indígena sería el responsable de las viviendas circulares. Durante la ocupación romana se construirían las de planta rectangular. Si bien su origen prerromano es difícil de datar, la generalización de que los castros asturianos se vinculan a la ocupación romana se está poniendo en entredicho últimamente.

Sea cual sea su origen, caminamos por la senda que se dirige al corazón del poblado ancestral. Atravesamos una impresionante muralla escalonada y observamos los restos de un torreón rectangular que defendía estratégicamente la entrada al recinto interior conocido como la acrópolis. Entre la muralla y la acrópolis, en la ladera Norte del cerro se extiende el núcleo urbano del poblado, denominado barrio norte. El tamaño de las construcciones, ya sean viviendas, almacenes, talleres… varía entre los 4 y 6 metros de diámetro para las circulares, y los 5 x 12 metros para las rectangulares. En algunas se conservan un hogar central, así como piedras de molino y grandes bloques de granito.

Sin embargo, lo que más no llamará la atención es la zona conocida como recinto sacro donde se encuentran dos grupos de construcciones, una más antigua que la otra, relacionadas, presumiblemente, con el culto al agua. La primera consta de una cámara con ábside, piscina semioval, suelo enlosado y canales; la segunda se muestra a través de una antecámara que precede a una gran cámara; una puerta da acceso a una gran piscina de granito. Aunque su antiguo uso sigue muy discutido, todo parece encajar en una instalación termal. Eso sí, muy rústica y elemental.