Asturias: Paraiso micológico

Los aficionados a la micología lo tienen claro: Asturias es el paraíso de las setas. A los pies de sus robledales y castaños crecen, entre otras, boletos, catharellus y russulas; bajo los hayedos hydnum y más russulas; en los abedulares más boletos; en torno a los pinares: lactarius y más russulas y boletos. Abundan los níscalos, también son comunes los rebozuelos, las trompetas de los muertos… De las tres setas reinas de la península ibérica, dos se encuentran asiduamente en tierra astur: el «Boletus edulis» y la «Amanita cesárea». De la única que no existe constancia es de la trufa.

A diferencia de otras comunidades, en Asturias se pueden recoger setas comestibles prácticamente en todas las estaciones del año. La temporada podemos comenzarla en primavera, en el mes de abril, con la aparición de las morchelas. Enseguida brotan las setas de primavera o San Jorge, la más codiciada y buscada en todo el Norte. Comienzan a aflorar durante los primeros días de marzo en las praderas cercanas a la costa y, a medida que avanza la primavera, pueden recolectarse también en la zona central y en las praderas de los puertos de Somiedo y Puerto Ventana. En el verano encontramos cantharellus, diversos boletos y russulas. En el otoño empiezan a fructificar casi todas las especies: boletos, lepistas, lactarios, tricholomas etc. En el invierno, aunque pocas, brota alguna seta como la Flammulina Velutipes.

La extensa geografía del Principado, junto con sus variados hábitats: montaña, bosque, praderas, riberas…, hace que las setas aparezcan por doquier, aunque existen zonas más propicias para la recolección y con una mayor tradición micológica, en el occidente asturiano los concejos altos del interior: Boal, Illano, Los Oscos, son unas de las zonas más famosas por sus apreciados frutos.

Turismo micológico

Si nuestra idea es hacer turismo micológico, debemos tener claro que existen buenas zonas en cualquier punto de la geografía asturiana, si bien siempre hay que buscar en bosques donde no haya eucalipto, como las zonas de pinar, lugares altos o bosques mixtos. Otras aclaraciones son de perogrullo para los verdaderos aficionados: acudir al bosque con cestas de mimbre o similar, nunca con plásticos; llevarnos una navaja y un pincel para limpiar las setas en el campo, ya que así las esporas se quedan en su entorno y las setas van limpias a casa; en todo momento debemos ser respetuosos con la naturaleza, recogiendo sólo las que nos vayamos a comer. Por último, pero no menos importante: ser prudentes, disponer de un conocimiento previo y nunca ingerir setas si no estamos al cien por cien seguros de que es comestible.

A pesar de la gran riqueza que atesora a este respecto, la afición en Asturias por las setas es muy tardía. Esto se debe a motivos ligados a la religión y a la mitología antigua que han pervivido durante siglos. Los astures siempre sintieron aversión por las setas. Esta superstición ancestral se fue poco a poco corrigiendo y a partir de los años 80 del siglo XX proliferan sociedades micológicas y especialistas por toda la región. Además la seta se integra de manera plena en la gastronomía: sola, acompañando los principales platos regionales o en nuevas y sugerentes recetas que tratan de potenciar sus sabores primarios. La puesta en valor de las setas se observa claramente en el gran número de certámenes que la eligen como protagonista a base de exposiciones fotográficas, degustación de menús especiales en restaurantes, concursos, visitas guiadas y salidas al campo.

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